Internacional — 31 julio, 2017 5:08 pm

“Bolivia y Ecuador son hiperextractivistas”

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“La bonanza y gracias a coyunturas de precios internacionales favorables se ha expandido el extractivismo, más aún en gobiernos progresistas”

ENTREVISTA con Eduardo Gudynas, Secretario ejecutivo de CLAES

Eduardo Gudynas, secretario ejecutivo del Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES), con sede en Uruguay, autor de más de diez libros y numerosos artículos académicos y capítulos en libros, estuvo nuevamente visitando a Bolivia y Santa Cruz.

En contacto con el portal de noticias de ese país “El Día”, en su posición firme de definir el extractivismo como una extracción de grandes volúmenes de recursos naturales con altos impactos sociales y ambientales y que están esencialmente orientados a los mercados globales, nos describe los alcances y sus límites de dicho modelo al cual los gobiernos latinoamericanos, en especial los considerados progresistas como el de Bolivia, parecen no sustraerse jamás.

P. ¿El extractivismo en América Latina qué ha cambiado?
E.G.: Recordemos que la definición de trabajo que usamos del extractivismo son aquellas exportaciones masivas de recursos naturales  que tienen alto impacto. En ese contexto, en los últimos años a pesar de la caída de las materias primas, los países latinoamericanos son aún más dependientes de la globalización y nos deja con altos  impactos sociales, ambientales y territoriales. Además, queda claro que los gobiernos de la región, ante la caída de precios, paradójicamente los gobiernos intentan compensar aumentando el volumen de producción de materias primas que se exportan.

  1. ¿Cómo observa que los gobierno progresistas se hayan hecho más extractivistas?
    E.G.: Lo primero es que los extractivismos se observan en gobiernos progresistas y en gobiernos conservadores. Hace más de 10 años los extractivistas eran conservadores. En tanto el viejo sueño de la izquierda era dejar de ser meros exportadores de las materias primas.
  2. ¿Entonces qué pasó?
    E.G.: Es cierto y a mi modo de ver, tanto progresismo y extractivismos son dos tendencias políticas distintas. Entonces aquella izquierda inicial de hace diez años atrás,  que quería salir de la dependencia de exportar materias primas se convirtió en progresismo que acepta  ese tipo de exportaciones y además lo ve como una necesidad inevitable.
    Entonces ese es el fenómeno político más impactante, porque siempre se asumió que los gobiernos conservadores seguirían siendo extractivistas. Pero la novedad es que los progresismos fueron extractivistas de otro modo, con otro énfasis, en algunos casos países con fuerte presencia del Estado pero que terminaron siendo dependientes de exportar materias primas. Entonces es un fenómeno político sustantivo y a veces no se observa bien y nubla el debate.
  3. ¿Han caído en el terreno neoliberal que tanto ellos han criticado?
    E.G.: Es que los gobiernos progresistas no son neoliberales, como falsamente se lo acusó, por ejemplo,  a la fase final a Dilma Rousseff (presidente destituida de Brasil). No son neoliberales por su fuerte presencia del Estado y sus intentos de regulación entre otros. Por lo tanto hay que reconocer que estamos frente de otro tipo de organización política. Además, creo que todo ello es parte de una cierta  dependencia en materia de las ideas, cuya forma de análisis es del siglo XX de Europa o Norteamérica.
  4. ¿En el caso como de Evo Morales es diferente?
    E.G.: Es que no se puede analizar con manuales políticos europeos o norteamericanos para ver fenómenos políticos como el gobierno de Evo Morales o como los Socialdemócratas de Brasil o Uruguay. Entonces, intentar poner nuestra particularidad con criterios europeos es un grave error.
  5. ¿En tiempos de crisis y caída de ingresos es difícil dejar de ser extractivistas?
    E.G.: Es difícil, por eso nuestras propuestas de salida es a partir de transiciones. Es un proceso en etapas dado que no todo es de la noche a la mañana. Pero nosotros criticamos muy duramente de que sea inevitable ser extractivista de aquí a la eternidad. O también cuestionamos asumir que tenemos que ser extractivistas porque no hay otra opción para llegar a los mercados globales. Siempre hay otras opciones y mecanismos que nos hacen muy distintos entre países.
  6. ¿Se puede precisar cuán extractivistas somos?
    E.G.: Si uno mira la estructura de los extractivismos, hay diferencias entre los países sudamericanos. La situación más grave son: Ecuador, Venezuela y Bolivia estos países son catalogados como hiperextractivistas, dado que son dependientes de un solo producto que es el gas en el caso boliviano y el petróleo en esos otros dos países.
  7. ¿La crítica apunta a estos tres gobiernos?
    E.G.: No, apuntamos con nuestra crítica a esa forma de entender el desarrollo en esos países. Las transiciones de salida, para reducir la mera extracción de materias primas, tienen que ver con la diversificación económica. Hay otros países industrializados que tienen un sector extractivo importante, pero al mismo tienen otros polos de desarrollo significativos. Nuestra crítica es que esa manera extractiva de recursos naturales en el mundo, ya no aguanta en el tiempo dado que implica fuertes impactos ambientales. Hay países importantes como Australia y Canadá, que tienen minería, por ejemplo, pero ahí responden a otro tipo de desarrollo.
  8. ¿No se supo aprovechar la bonanza como fruto del superciclo de las materias primas?
    E.G.: Sí, pero también pasó lo mismo con los gobiernos conservadores como en Chile y Perú. En ambos países no lo hicieron. Entonces tanto los gobiernos conservadores y progresistas no supieron aprovechar los altos precios de las materias primas para diversificar su producción, comenzar a recuperar autonomía frente a la globalización, generar mecanismos genuinos de integración regional, para fomentar una industria compartida entre ellos.
  9. ¿Qué hacer para que eso no suceda?
    E.G.: Ahí está el problema, si yo quiero salir del extractivismo aumentando la industria, tengo que hacer una industria que comparta eslabones entre países vecinos, de lo contrario lo único que vamos a hacer es reproducir una relación subordinada dentro el continente. Por ejemplo, si yo vendo gas a Brasil, este país me vende camiones, pero lo ideal es que yo puedo fabricar partes de los camiones. Entonces eso requiere otros acuerdos para enfatizar cadenas de producción e industriales entre países compartidas entre sí.
  10. A Bolivia, inmerso en el extractivismo, ¿cómo lo caracteriza?
    E.G.: Se repiten esas mismas dificultades. Ustedes en una década han tenido grandes ingresos. Es cierto, el uso de esos recursos destinaron, en términos de redistribución, a grandes sectores populares, indígenas y campesinos más pobres. Ese es un aspecto muy positivo, pero también en el mediano y largo plazo, genera una relación donde eso no significa que me provea de una fuente de empleo, lo que genera en el fondo que la población demande más extractivismo. Eso es peligroso y hasta insostenible.
  11. ¿Pero qué hacer para salir del extractivismo?
    E.G.: La forma más inteligente para salir del extractivismo es exportar cada vez menos, utilizar los hidrocarburos dentro del país en usos genuinos, a partir de fuentes alternativas de generación de energía sostenible con una política de reconversión energética. Esa reconversión no pueden hacerse a base de gas, por ejemplo como lo hace Uruguay, con la apuesta a la energía eólica. Pero apostar por hidroeléctricas, vía construcción millonaria de represas, ingresamos a lo mismo, tienen enorme impacto medioambiental. De cualquier manera es otra forma de extractivismo.

    P. ¿Hay opciones más contundentes?

    E.G.: Sí, hay muchas salidas al extractivismo, hay fuentes y ejemplos en muchos países de Latinoamérica. Es común en distintos países, lo que se hace es priorizar la producción y comercialización dentro el país y dentro del continente, con las naciones vecinas. Se pasa a una estrategia de producción donde el énfasis se pone en cuánto empleo genera y reducir el uso de energía y agua. Y los productos que vuelcan al mercado sean necesarios y tengan larga vida, que no se destruyan o rompan a los pocos meses o años, aumentando su vida útil. Por lo tanto es una “desmaterialización de la producción”.
  12. ¿Qué ejemplos puede citar?
    E.G.: Un ejemplo concreto es dejar de importar electrodomésticos chinos y pasar a fabricar nuestros propios electrodomésticos en la región, con eslabones industriales compartidos entre los vecinos. Nuestros propios electrodomésticos andinos no pueden durar tres o cinco años y luego tener que votarlos. Eso reducirá la demanda de minerales y la demanda de energía. Entonces tenemos análisis muy finos, lo de una sociedad con mejor calidad de vida y menos austera.
  13. ¿Para que se concrete ello, qué debe ocurrir?
    E.G.: Pero es una decisión política de nuestros países. Se puede tomar decisiones en la política de aranceles y ajustar el ingreso de productos foráneos a nuestros mercados. Otros países ya lo están haciendo. No siempre es la misma la que haya que plantear entre unos y otros países. Los progresistas han reivindicado posiciones de las ideas anteriores, como la sustitución de las industrias de una propia del país. Lo que si hay que plantear es otra relación con la globalización.

EL PERFIL

Eduardo Gudynas
Magister en Ecología Social

Ciudad natal: 
Montevideo, Uruguay
Edad: 
57 años
Trayectoria: 
Secretario Ejecutivo del Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES).
Su área de trabajo apunta a las estrategias en desarrollo sostenible en América Latina.
Autor de más de diez libros publicados en Argentina, Bolivia, Ecuador, Perú, Costa Rica y España).

 







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