El Demoledor, Local, Noticias — 31 octubre, 2017 6:53 pm

El último condenado a pena de muerte por violación sexual terminó convertido en santo popular: UDILBERTO VÁSQUEZ

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Sus restos reposan en el cementerio de Cajamarca y en estos días es inmensamente visitado por sus fieles creyentes.

Cajamarca.- El cementerio de Cajamarca que como en el resto de país a partir de mañana es motivo de nutrida visita por la fidelidad que se guarda a los difuntos, tiene un especial punto de concentración: El mausoleo de Udilberto Vásquez Bautista concentra largas colas de fieles creyentes que por la voluntad popular y sin decreto oficial religioso fuera ungido en esta parte del país al nivel de “santo popular”.

Es tal su devoción, que del personaje se testifica sendos milagros, su recinto en el campo santo es todo un sagrado altar.

¿SANTO O VIOLADOR?

Ya que por estos días el polémico tema de la pena de muerte para los violadores sexuales ha recobrado vigencia, es que el caso de Udilberto Vásquez vuelve a estar en el tapete de la polémica dejada desde aquél amanecer del 11 de setiembre de 1970 cuando fue fusilado en mérito a la pena capital decretada por el Poder Judicial. Los magistrados de la Corte Suprema estaban convencidos plenamente que se sentenciaba a la persona que ultrajó a una niña de 11 años, sin embargo la duda de una sociedad no convencida en el fallo judicial ha podido más, que a la fecha llega al punto de venerarlo por considerarlo inocente.

LA PENA CAPITAL  

El caso de Udilberto Vásquez se ventiló durante el régimen militar de Juan Francisco Velasco Alvarado, cuando la pena de muerte estaba vigente por Decreto Ley Nº 17388, promulgado el 24 de enero de 1969.

El Código Penal consignaba en su  artículo 197º: “Serán reprimidos con penitenciaria o prisión no menor de diez años, que se cumplirán obligatoriamente en una Colonia Penal Agrícola los que asalten a mano armada, con concierto o banda, con el objeto de hacer sufrir el acto sexual o contra natura aun cuando los agraviados sean mayores de edad, si como consecuencia del asalto o de las lesiones inferidas se produjera la muerte de la o las víctimas, se aplicará al autor o autores, la pena de muerte”.

EL CASO

El 1 de setiembre de 1970 la Corte Suprema de Justicia, tuvo la oportunidad de resolver, por primera vez la aplicación de este Decreto Ley. El caso provenía de Cajamarca sobre violación sexual de una menor de edad a la que luego de consumársele el acto sexual se asesinó de veintisiete puñaladas. Escabroso.

Los hechos se remiten al 05 de setiembre de 1966, cuando Udilberto Vásquez fue acusado de cometer el delito de violación y muerte de una pastorcita de once años de edad, en una lejana comunidad de Chota.

En el expediente consta que el acusado cogió fuertemente del brazo a la menor, Francisca Amélica Chuque Saavedra, para dar rienda a sus bajos instintos y que cuando fue ubicado y capturado dijo no saber nada del paradero de la menor, porque a esa hora estaba trabajando, lo cual fue desmentido totalmente por sus compañeros de trabajo.

El caso fue defendido por el abogado Carlos Alarcón (Hasta hace pocos años fue el Decano de Colegios de Abogados de Cajamarca). En la Corte Superior de Justicia de Cajamarca, Udilberto fue condenado un 13 de julio de 1970 a una pena de 25 años de cárcel con la obligación de indemnizar a los herederos de la víctima con la suma 10 mil soles oro.

La sentencia apelada subió a la Corte Suprema con la determinante declaración del testigo Santos Dionisio Saavedra, quien narró como Vásquez Bautista, llevó del brazo a la menor de once años de edad, introduciéndola en un matorral y escuchó la voz angustiada de aquella que gritaba: “Papá, papá, papá”; además, se evidencia el peritaje de análisis biológico que establece que las manchas halladas en el pantalón son de sangre humana y no de cerdo, lo que demostraría que la agraviada fue deshonrada y que el inculpado ante los gritos de desesperación que dio la menor procedió a asfixiarla; conforme se corroboró con el dictamen pericial y protocolo de autopsia la causa de la muerte de asfixia por ahorcamiento.

Es así que la Suprema de conformidad con el artículo 300 del Código de Procedimientos Penales declararon No Haber Nulidad en la sentencia recurrida de fecha de 13 de julio de 1970, que declara a Ubilberto Vásquez Bautista autor del delito de homicidio en agravio de Francisca Amélica Chuque Saavedra. Y dado que entonces no estaba prohibida la reformatio in peius, la Corte Suprema, le aumentó la pena de internamiento a pena de muerte.

EL FUSILAMIENTO

Los periódicos de la época dieron amplia cobertura a la ejecución de la pena al sentenciado a quién llamaban “El monstruo de los Andes”. Tal como se informa ahora sobre estos casos, en aquella época se ventilaba en la prensa que se trataba de una pena ejemplar para frenar las violaciones sexuales, las cuales se habían incrementado de manera significativa en ese entonces.

Se conoce de periodistas apostados en el balcón de una casa vecina al campo deportivo del penal narrando los acontecimientos, incluso reportando un desmayo de uno de los magistrados.

El Diario La Crónica tituló: “Necesitaron dos jueces para el fusilamiento. Uno sufrió desmayo en plena ejecución; otro lo reemplazó”.

Diario “Extra” abrió su portada el 12 de setiembre de 1970: “Así fue la ejecución del monstruo de Cajamarca”.

Se conoce que los internos del penal recogieron pedazos de huesos fusilados y les prendieron velitas porque suponían que no era culpable.

¿SE AUTOINCULPÓ?

Los defensores de Udilberto Vásquez sostienen que el procesado se autoinculpó  para salvar a su hermano, quien en ese entonces tenía una familia que mantener, por ello respondió ante los interrogatorios que efectivamente si fue él quien ultrajó a la niña.

DE CRIMINAL A SANTO 

El viraje del repudio social para el procesado por delito de violación sexual, debidamente sentenciado a la pena capital, llega a estos días con un panorama inimaginable en el Cementerio General de Cajamarca donde cientos de fieles llegan de distintos puntos del país para orarle pidiendo por su salud, dinero, amor y trabajo, sin dejar de tomar en cuenta ciertos restos en sus alrededores de prácticas de hechicería. Convertido ahora en toda una víctima del Poder Judicial.







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