Opinion — 3 mayo, 2017 7:00 pm

Los aprietos de la “VERDAD”

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La-verdad-y-la-mentira-en-la-política-por-Fernando-Mires-640

CUELLO LARGO.

Mario Calderón.

Al mundo de hoy le resulta cada vez más difícil sostener una (verdad), sobre todo en esta inagotable era de información donde pululan férreos defensores de la mentira. Cuando Cristo fue llevado ante Pilato, éste le dijo: Yo soy la verdad, a lo que el magistrado romano preguntó, con algo de sorna: Y qué es la verdad? Hoy el mundo suele sostenerse, no tanto sobre verdades, sino, sobre razones que parten de alguna concepción filosófica de la vida. El socialismo y el capitalismo, como corrientes políticas, en el fondo no son más que ideas sobre la base de alguna razón. Razón y verdad, no necesariamente van de la mano.

Algunos estudiosos del tema, denominan a esto, la crisis de la verdad. Tim Hartford, prestigioso economista y columnista británico, intenta explicar esta apreciación de manera muy didáctica. Identifica tres obstáculos: El primero, es que una mentira sencilla puede resultar más persuasiva que una suma de hechos complejos, “sencillamente, es más fácil de comprender y de recordar” el segundo, la verdades suelen ser aburridas, estando en un mundo tan entretenido y, el tercero, es que la gente percibe a la verdad como algo amenazante y esto suele ser contraproducente. Una especie de ciertos inconvenientes para que la verdad prospere.

Según esta perspicaz apreciación, la verdad por sí sola, no podría sostenerse. No es suficiente que sea verdad, sino, quién lo sostiene y cómo lo sostiene. Si el contenido de la verdad está hecha de una compleja suma de hechos, una mentira sencilla puede terminar demoliéndola. La luz de la verdad, no nacerá de ella misma, sino, de cómo o de qué manera se sostenga. La verdad en sí misma necesitará de algunos defensores con algo de prestigio, con elogiables virtudes que sepan defenderla. Una verdad en una lengua desprestigiada, puede terminar condenada a verse como una mentira, sin necesidad de un contrargumento.

El contenido de la verdad, muchas veces puede resultar compleja y las masas de hoy, no se entusiasman con explicaciones prolongadas. Las masas de hoy, exigen sencillez. La conciencia colectiva suele asimilarla mejor. Quien defienda una verdad compleja, está obligado a resumirla de manera sencilla para convencer a la masa. Una larga explicación puede llevar al aburrimiento y por ende, a la no persuasión de la misma. No será un problema de la verdad en sí misma.

La verdad no debería ser vista como una amenaza, pero la abundante información que circula en las redes – muchas de ellas falsas – han predispuesto psicológicamente a las masas a percibir la verdad como una amenaza. Se genera esa sicosis atemorizante para que las masas prefieren una simple mentira, a una verdad bien explicada. Establecer la verdad de los hechos, es sumamente complejo. El mismo Derecho Procesal Penal, ante la falta de una verdad del todo clara, apela al indicio para probar la culpa.

En resumen, para que la verdad se imponga en una discusión y termine convenciendo, necesita de locuaces defensores que públicamente tengan algo de crédito, de lo contrario, esta puede quedarse en su propio atolladero bajo la calumnia de ser una mentira.

Cajamarca, 03 de mayo de 2017







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