Opinion — 6 febrero, 2013 7:15 pm

PARA CHICHA Y PARA PAN…LOS PANDO DE SAN SEBASTIAN

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PANDO

“Hay chichita colorada, solo a ti te tengo miedo, tú me enfermas, tú me sanas, tú me sabes mil de mañas”
Faltan 15 días, para que el Rey Momo ingrese a Cajamarca y los hijos de esta tierra y especialmente, los integrantes de una numerosa y bulliciosa familia cajacha,  ya se preparan como Dios manda, “para que no los agarre sin tener que invitar a las amistades”, como bien lo expresa Wilder, el hijo mayor de la familia Pando y quien es el encargado de realizar los llamados y convocatoria necesaria, para que los ritos se cumplan. 
Son más de 80 y entre todos preparan la chicha
Y es que los Pando, como así son conocidos esta familia en Cajamarca, la  constituyen  alrededor de 80 miembros, entre abuelos, hijos, nietos y tataranietos, que año a año, se reúnen en su casa matriz ubicada en la cuadra 10 de Amalia Puga, para con varios días de anticipación, preparar ese manjar líquido, que era la bebida de los incas y que la conocemos como la “chicha de jora”.
Y claro, preparar “la colorada”, no es cosa de juego. En el caso de esta familia cien por cien carnavalera, tienen que preparar los recipientes, en los que se tiene que hacer hervir la jora y cuidar su fermentación y maduración necesaria. Para que ello ocurra, tienen que seleccionar con meses de anticipación, la mejor chancaca del valle de Magdalena, de la chacra de la familia, que ahora la regenta Germán. Él mismo nos dice, que tiene que ser de buen color, tendiente al marroncito claro, de buena textura, fresca y de una cosecha normal (sin exceso de lluvias ni sequías), porque al final, luego de hervir en las pailas una jora de calidad (maíz crecido), la parte más difícil en este arte, es saberle dar el dulce apropiado y en el momento más indicado. Cualquier falla, nos refiere Napito Pando, “la puede volver babosa y ahí sí que nadie la podría tomar”. Agárrense.
El hervido se lo tiene que “bolear y encomendarlo” al Santo del barrio
Listos los productos a emplear, hay que salir de madrugada a casa de Lupita Quevedo de Pando y “carrear” dos camionetadas de leña totalmente seca, que aseguren, que la brasa no va a humear y que no comprometa al líquido hirviente. Previo al acarreo de la leña, a puro punche realizado por una de las sobrinas, la “chugurana” Viluska. Entonces, la anfitriona, tiene que entonar a la delegación, con unas cesinitas de venao con su rocoto molido y pan de agua,  del jirón Yahuarhuaca de  Baños del Inca. Parte del ritual dicen.
Todo listo y a preparar los casi 2 mil litros de rica y espumante chicha, que van a tener que saciar la sed, de un número casi similar al de litros  preparados de familiares, visitantes, hueleguisos y los infaltables pretendientes de las bellas jovenzuelas de la familia. Para esto el “Jiefe” Julio Vigo, casado con Elvia, ex Miss Señora Carnaval, es el motor de toda esta maquinaria humana, en los que destacan Edulfo Alarcón (otro de los yernos) y su adorada Mary, la dinámica Luchita, Mauro Pando y una interminable lista de sobrinos. Esta megacomisión bregará, durante varios días, para que los cajachos y visitantes, se deleiten con este afrodisiaco néctar, el mismo que ya se va extinguiendo, por razones obvias. Y la que se encargará de dar de comer, a la comisión, será la dinámica y querendona Vilita, que a la postre ha tomado la posta de la matrona Marina.
La chicha ya está en camino, …los Pando los esperan
Hay que recordarles que, hace ya algún tiempo, dejó este terrenal mundo, el patriarca de los Pando, Napoleón, o “don Napo” como todos los sansebastianeros lo conocían y luego de esta irreparable pérdida, al poco tiempo nomás, también hubo que enterrar a la señora Marina Briones de Pando, eterna pareja de Napito. Este par de esposos, fueron los encargados de dar vida a esta tradición cajacha, porque ellos eran los amables anfitriones de  los cientos de invitados, que se daban cita a gozar del carnaval en su enorme casa. Y claro, está demás decirles y contarles, que en esta céntrica y querendona casa, solo se tomaba esta agradable chicha, que según cuentan “la colaban en una de las prendas íntimas del “Chocho Fidel Pando”.
Lo cierto es que don Napito, al “abrir el primer urpo” luego de hacer dormir pacientemente 15 días, a la esperada chicha, le servía a la dueña de casa el primer vaso y entre verso y verso, aparecía este: “Hay chichita colorada, solo a ti te tengo miedo, tú me enfermas, tú me sanas, tú me sabes mil de mañas” Y bueno, también han tenido que sobreponerse, a la pérdida de su hermana mayor Consuelo, quien junto con Zenobio, dejaron este terrenal mundo. Esta situación, puso (como era lo justo) en retirada a los Pando, pero, han sido muchos los pedidos de propios y ajenos, (dicen que hasta del propio cura Cáceda), que han logrado, que este alegre y unido grupo familiar,  haya decidido este año, continuar deleitándonos, con esa peculiar bebida, que no solo hace cantar y bailar el carnaval, sino, que a través de esta espumosa, colorada y libidinosa chicha, muchas son las promesas de amor que se han hecho, así como también el compromiso de trabajar por Cajamarca, el turismo y el desarrollo de esta su tierra linda. Algo pasa y entonces llaman al “doctorcito” Santiago (el menor de tan solo 3 años), “que vaya corriendo a comprar fósforos, se ha apagao el fogón”. Click. Bueno, La chicha ya está en camino, …los Pando los esperan.
Otto Quevedo S.





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