Nacional, Noticias, Programa, Video — 17 septiembre, 2016 7:45 pm

¿Cuánto pagó minera Río Blanco a familiares de Aleida?

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Periodista piurano revive el caso por capítulos

Del caso de nuestra colega Aleida Dávila Montes no se había vuelto hablar más, la investigación de su extraña muerte en las alturas de Ayabaca, Piura  en el Ministerio Público se archivó sin castigo a ningún responsable. A un año de su muerte se puede conocer que la minera pagó a los deudos una suma de dinero indemnizándolos y haciéndole firmar a su difunta madre un documento donde renunciaba a todo tipo de demanda contra la compañía Río Blanco.

El periodista Ralph Zapata, a través de su portal elpiurano.pe ha decidido publicar la  historia por capítulos y entre sus dos primeras partes ya difundidas sostiene que el caso sigue dejando preguntas sin respuesta. “La investigación fiscal, que se abrió en julio de 2015, ha sido archivada en agosto de este año, aun cuando hay más dudas que certezas. Los familiares, que eran piezas clave en la historia, se echaron para atrás, sorprendentemente, luego de ser indemnizados por la compañía”, ha referido en el inicio de su reportaje.

El periodista ha viajado hasta la tierra natal de Aleida Dávila y al lado de los nichos donde reposa ella y su madre ha logrado entrevistar a dos de los hermanos de nuestra recordada amiga. El periodista consiguió el documento donde la empresa minera transó con la madre de Aleida por la suma de 180 mil soles.

“Tres meses después del entierro, firmó un acuerdo privado con la empresa Río Blanco Cooper, donde aceptaba recibir una indemnización de 180 mil soles, a cambio de renunciar a toda pretensión futura contra la compañía minera o sus empresas vinculadas. Pero Kety –que acompañó a su madre en ese infeliz medio año– precisa que a doña Rosalía no le interesaba la plata. Firmó por ellos”, revela en la primera parte de la historia contada por el periodista piurano que acompaña video de las entrevistas logradas con  Kety Dávila Montes.

En un momento de la entrevista Kety revela también que su madre murió desconfiando de la historia que la minera ha contado sobre la muerte de su hija.

“Ella se murió presintiendo que algo le habían hecho a su hija –dice Kety en el cementerio–. A la minera no la querían allá en Piura. Yo no creo lo que dicen que pasó. Ella (Aleida), así sea arrastrándose, hubiera salido de allí (del cerro)”, ha declarado.

El periodista ha pedido la versión de Rio Blanco Cooper, señala que tuvo varias conversaciones con funcionarios de la empresa, pero al final no contestaron sus requerimientos

Kety tiene previsto dentro de poco dirigirse a Palacio de Gobierno, y lograr trasmitirle el caso al propio presidente Kuczynski.

“Sigo rogando a Dios que salga a la luz la verdad, lo que pasó. No creo que ella haya muerto así nomás” ha señalado Kety.

En el reportaje se precisa que la verdad que busca Kety es la misma que exigió, entre gritos, su padre, Norman Dávila, el día del sepelio de su hija. “Solo exijo justicia, porque lo que han cometido es un crimen”, aseguró ese 10 de agosto de 2015. “Que este hecho no quede impune. Tiene que esclarecerse. Espero que la justicia no se deje dominar por los tentáculos materiales”.  Y sus palabras fueron respaldadas, aquella vez, por decenas de familiares y amigos que habían seguido de cerca el fatal desenlace de los tres trabajadores de Río Blanco que fallecieron en Ayabaca, en la sierra de Piura, en circunstancias aún –un año después– no esclarecidas por la justicia.

LA TEORÍA DEL HERMANO RAMBO

Jorge Luis es el otro hermano de Aleida que también ha dado su testimonio:

Aleida era recia y caminaba mucho. No se rendía así de fácil –añade Jorge Luis, el hermano mayor de Aleida–. Por eso cuando fui a Piura a buscar a mi hermana quise entrevistarme con el sobreviviente (Manuel Herrera). Yo he estado en el ejército (cuando se ganó el apodo de ‘Rambo’) y en zonas frías la punta de tus zapatos se vuelve hielo. Pero el hombre salió ileso (Herrera), no salió ni rajado, ni quemado. Yo sé que él sabe.

– ¿Y cuál es tu teoría?

– Para mí han tapado la verdad. Creo que los metieron a la laguna.

– ¿Quiénes?

– Los ronderos de Ayabaca que se oponen a la mina –afirma ‘Rambo’–. Los metieron a la laguna para que (en la necropsia) no salga que fueron castigados. Los ahogaron y, luego, los dejaron a la intemperie.

Un día me dijo: “Me ha salido una buena chamba. ¿Te acuerdas de Carla Díaz, con la que trabajaba en Yanacocha? Está en Piura y me está jalando”. “¿En Piura? No sé, Aleida, a mí no me cuadra”, le dije. Tenía un presentimiento. “No seas cojudo, ya vas a ver. Te voy a jalar para que trabajes conmigo. Ya no soy una chibola’, me respondió.

Hasta entonces, Aleida Dávila había trabajado solo en Tv Norte, un canal municipal del que llegó a ser gerente, y en Essalud, donde duró poco. Lo suyo era la calle, el ardor de la noticia, el conflicto que generaba su polémico punto de vista sobre la minería en Cajamarca. Jorge Acevedo, un periodista local, cuenta que si bien los comunicadores se unieron cuando Aleida se perdió en las alturas de Ayabaca, muchos marcaban su distancia. Ella defendía intereses de la minería y por eso se ganó muchos enemigos, dice Acevedo. Trabajaba en un canal municipal, no era una periodista independiente.

Dávila llegó a publicar un diario llamado El Cajacho, financiado por intereses a favor del proyecto minero Conga. Una portada –recuerda Acevedo– señaló a los dirigentes que estaban detrás de la protesta. Desde ese día, con más furia, los ronderos de Cajamarca comenzaron a amenazarla, a buscarla para castigarla con la famosa cadena ronderil.

– A ella la habían amenazado, pero no tenía miedo, cuenta Kety. “Que se atrevan a golpearme”, decía. Ella no se dejaba. Pero mi mamá sí se preocupaba. Ella (Aleida) solo le respondía: ‘Pero es mi trabajo, mamá, de esto vivo’.

LOS PASAJES DE PASTRANA

En la segunda parte de la historia el periodista piurano se hace una pregunta que deja dudas en el caso. ¿Por qué, si ya se sabía que la expedición había fracasado el 7 de julio de 2015, la empresa le compró un pasaje a Orlando Pastrana para que regrese a Lima cinco días después? 

La historia de la expedición perdida de la minera Río Blanco Cooper comenzó el 4 de julio del 2015, cuando la joven periodista Aleida Dávila y otras seis personas contratadas por la minera partieron desde Huancabamba rumbo al cerro Henry Hills, donde se ubica el antiguo campamento de la compañía. En el trayecto se les unieron cinco lugareños, que cargaron las mochilas de los expedicionarios. La misión del equipo era hacer un levantamiento topográfico en las concesiones de la empresa y verificar el estado actual del campamento.

Acompañaban a Dávila, Orlando Pastrana Quesada –jefe de la expedición–, el bachiller en Geología Manuel Herrera Peña, el cocinero Segundo Tacure Saavedra, el obrero Wilson Delgado Tantalian, la enfermera Gladys Junchaya Palomino y el contratista Edilberto Sandoval Risco. Sin embargo, estos dos últimos se regresaron en el camino hacia el campamento. Fuertes dolores de cabeza y fiebre obligaron a la enfermera a retornar a Huancabamba.

A Aleida le preguntaron si deseaba regresar, pero ella negó con  la cabeza. Los cinco continuaron el viaje. En el trayecto se les unió Aníbal Herrera, quien fungía de guía y tiene una casa cerca del campamento. Al día siguiente llegaron cuatro personas más con víveres. La misión debía demorar solo cuatro días, desde el 4 hasta el 8 de julio. Así lo estipulaba el plan de exploración que le envió, en un correo electrónico, Oswaldo Rodríguez Velásquez, jefe de adquisiciones logísticas de Río Blanco, a Mireya Castañeda, apoderada de la compañía minera.

Y así estaba programado también en el pasaje que la minera le compró a Pastrana el 1 de julio. El jefe de la expedición salió de Lima, rumbo a Piura, el 2 de julio y debía retornar el 8 de julio a las 8 pm. Sin embargo, ese mismo 8 de julio, Río Blanco –a través de la agencia Bonna Tours SAC– le volvió a comprar otro pasaje a Pastrana, para que retorne de Piura hacia Lima el 12 de julio. ¿Por qué lo hizo, si sabía que el trabajo solo duraba cuatro días? Nadie lo sabe. Pastrana ya no está y la minera optó por el silencio.

Sin embargo, cuando ya estaba desaparecida la expedición, un día después, el 8 de julio, Rio Blanco le compra un nuevo pasaje a Pastrana para que viaje a Lima el 12 de julio. ¿Tiene lógica?

Según el cronograma de la minera, el martes 7 de julio la expedición debía volver a Huancabamba. Pero desde hacía dos días algo marchaba mal. El teléfono satelital había dejado de funcionar desde el domingo, y el jefe Pastrana lo regresó a Huancabamba con un empleado, para que lo carguen. Enterada del problema, la minera adquirió un nuevo equipo en Lima, que llegó a Huancabamba recién el 7 de julio. Ese mismo día se lo enviaron a Pastrana con un grupo de lugareños, que además llevaba un mensaje para el jefe. La minera mandaba decirle que era momento de retornar.

Ese mismo 8 de julio, Río Blanco –a través de la agencia Bonna Tours SAC– le volvió a comprar otro pasaje a Pastrana, para que retorne de Piura hacia Lima el 12 de julio. ¿Por qué lo hizo?

El miércoles 8 de julio los mensajeros llegaron al campamento, pero no hallaron a Pastrana ni al resto del equipo. Enseguida informaron a la empresa y esta les ordenó volver a Huancabamba. El viernes 10 de julio la minera envió nuevos mensajeros que, luego de caminar dos días, tampoco encontraron a la expedición. Eso sí,: notaron que las huellas apuntaban a que el grupo se dirigía hacia Ayabaca. Ese 12 de julio los mensajeros le comunicaron la noticia a Río Blanco. Incomunicados, y lejos de la zona de trabajo, la expedición ya estaba perdida.

Mientras tanto, en Piura, Río Blanco activó su plan de emergencia recién el lunes 13 de julio, luego de enterarse que seis miembros de la expedición estaban retenidos por una ronda campesina de Ayabaca. Ese mismo día contrataron a la empresa Northcott Global Solutions (NGS), especializada en rescate de personas extraviadas, pero sus esfuerzos fueron en vano. La ronda de Carmen de la Frontera, en Huancabamba, les bloqueó el pase hacia el campamento. Dos días después denunciaron el hecho ante la División de Investigación Criminal (Divincri) de Piura.

El 19 de julio el comisario de Ayabaca, comandante PNP Miguel Orozco, convenció a los ronderos de Ayabaca para que ayudaran con la búsqueda de los cuatro trabajadores de Río Blanco. Al día siguiente partieron temprano desde el centro poblado de Cabuyal, y a las 11 am hallaron en una casita, escondida en medio del bosque, a Manuel Herrera. El hombre había caminado cuatro días desde una laguna del Cerro Negro, donde dejó sin fuerzas a Aleida Dávila. El jefe Pastrana y el cocinero Tacure habían muerto días antes.

“Anda tú y busca ayuda. En mi mochila hay plata y lleva celulares, para que en el camino trates de comunicarte”, le dijo Aleida antes de despedirse. Herrera le dejó agua y medicinas para que sobreviva hasta que él vuelva con ayuda. A las 3 pm del 20 de julio un helicóptero recogió a Herrera y lo llevó hasta una clínica de Piura, donde fue atendido. Ese día, los ronderos que encontraron a Herrera le pidieron a la Policía autorización para ir en busca de Aleida Dávila. Pero las autoridades se negaron. Dijeron que ellos, junto a montañistas de Áncash y tropas del Ejército, cumplirían ese objetivo. Los ronderos se hicieron a un lado.

Magdiel Carrión, ex dirigente de la ronda de Yanta, me dijo después que si ellos hubieran entrado ese 20 de julio por la tarde al Cerro Negro hubieran hallado con vida a la joven cajamarquina. “Nosotros conocemos esa montaña, y sabíamos cómo entrar y salir de allí”, dijo en aquella oportunidad. “Se perdió mucho tiempo en coordinaciones entre la Policía y la minera”. Ese 20 de julio el cielo estaba tan despejado y luminoso que parecía una invitación de los apus. Los siguientes días amanecieron nublados, con lluvia e intensos vientos que impidieron el rescate de los tres trabajadores de la minera.

Nadie entendía por qué el cielo permanecía cerrado e impedía el ingreso de rescatistas por aire. Mientras que, por tierra, las patrullas mixtas (policías y montañistas) se desorientaban, se topaban con rocas gigantes o se hundían en el fango. Algunos comuneros de la zona, avalados en sus creencias ancestrales, decían que el Cerro Negro se había enamorado de Aleida. Que no la dejaría escapar, ni haciendo pagos a la tierra. Esa montaña de Ayabaca fue la tumba de la periodista, Tacure y el jefe Pastrana.

Nosotros estuvimos a solo seis minutos de donde estaba mi hermana –cuenta ‘Rambo’ con los ojos vidriosos, recordando el dramático rescate–. Pero la neblina y el viento no dejaban ‘sentar’ al helicóptero. En el aire, un oficial me dijo: “Mira, acá está tu hermana, a solo seis minutos”. Quise descolgarme, pero no sabía a qué altura estábamos. Hasta que el aire empezó a remecer la cola (del helicóptero). “Retirada, dijeron”.

“Rambo” debió contener su impotencia respirando profundo, como había aprendido en el ejército. El rescate de los cuerpos de su hermana y del cocinero Tacure se hizo efectivo el 8 de agosto, diecinueve días después de que Herrera apareciera con vida. Mientras que el cuerpo del jefe Pastrana fue trasladado a Piura el 11 de agosto. Las necropsias revelaron que los tres murieron por hipotermia, debido al intenso frío del lugar. Pero la esposa de Pastrana culpó a la minera del fallecimiento de su esposo. Ante el fiscal, dijo que tenía correos electrónicos que probaban que la minera le pidió a su cónyuge trabajar durante siete días. Siete y no cuatro.

La historia completa se puede revisar en el portal:

http://elpiurano.pe/2016/09/16/rio-blanco-tres-muertes-ningun-culpable-y-una-investigacion-archivada-parte-1/

http://elpiurano.pe/2016/09/17/la-historia-de-una-expedicion-perdida-y-un-pasaje-que-nadie-iba-a-usar-parte-2/

 







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